Proyecto EOS

El término «riesgo social» es una expresión de carácter aparentemente generalizador, frente a lo concretos que suelen ser la mayoría de los riesgos identificados como enfermedad o discapacidad. El riesgo social mira hacia una población encaminada a una alteración de tipo más amplio, pero concretizable en el peligro de llegar a una situación de marginación social.


Es durante la infancia y adolescencia cuando cabe hablar de riesgo de inadaptación. El peligro está a la vista, pero admite todavía medidas de intervención preventiva.


En el caso de la población adulta el riesgo social ya ha cristalizado en una inadaptación, más o menos abierta; estaremos ante un enfermo, ante una alteración, que requerirá tratamiento pero no prevención. Durante la infancia Con los niños tenemos la oportunidad de intervenir para evitar que el riesgo degenere en una situación irreversible.



La verdadera situación de crisis

“Hay actualmente en los orfanatos españoles cerca de 40.000 pequeños en situación de riesgo social”

El incremento a lo largo de estos últimos años del número de niños tutelados o atendidos por los servicios de protección a la infancia evidencia una situación social donde muchos niñ@s y adolescentes son cada vez más vulnerables, requiriendo más intervención por parte de las administraciones públicas para protegerlos.


A raíz de la crisis económica y debido a los recortes en atención a este porcentaje de la población infantil, aumenta el riesgo de estos menores a no ser capaces de superar las adversidades emocionales que les han provocado sus diferentes experiencias vitales. Así la futura integración de estos niñ@s a la sociedad se ve seriamente comprometida.


Tratándose de un colectivo excesivamente invisible y silenciado, la implicación y la eficacia son especialmente necesarias en la ayuda a este sector. La complejidad de la ayuda se constata por el aumento de necesidades de atención y de protección.



El trauma emocional: El abandono

Caballito solo :-(

Los niños son conscientes del abandono. Las consecuencias que este trauma por abandono provoca, pueden tener más o menos intensidad. La baja autoestima, la creencia universal de que hay algo malo en ellos y que tienen la culpa de que su familia biológica les dejara, la inseguridad, la baja resistencia a la frustración o la dificultad para desarrollar relaciones, son solo algunas de las consecuencias del abandono.


A pesar de que un niño haya recibido unos cuidados mínimos necesarios para sobrevivir (comida, higiene, salud…) siempre hay aspectos imposibles de atender. La dedicación personalizada, la atención rápida cuando necesita una mano que le consuele, que le ayude a levantarse si se cae, que le abrace si no puede dormir, la mirada intensa de amor, y un largo etc que van dando en la vida interna de la persona la seguridad de que es un ser necesario en la vida de otro, que es un ser capaz, que su potencial colmará de alegrías a su familia… lo que irá siendo su auto imagen.


A pesar de que un niño haya recibido unos cuidados mínimos necesarios para sobrevivir (comida, higiene, salud…) siempre hay aspectos imposibles de atender. La dedicación personalizada, la atención rápida cuando necesita una mano que le consuele, que le ayude a levantarse si se cae, que le abrace si no puede dormir, la mirada intensa de amor, y un largo etc que van dando en la vida interna de la persona la seguridad de que es un ser necesario en la vida de otro, que es un ser capaz, que su potencial colmará de alegrías a su familia… lo que irá siendo su auto imagen.


De pequeños todos buscamos la satisfacción de los padres, seres de los que dependemos. El miedo a no ser suficientemente dignos de su amor es como un fantasma. Cuando un niño vive el abandono, en su fantasía, se confirma este miedo y su auto imagen i autoestima puede quedar muy deteriorada.


Sumadas al síndrome del abandono, las experiencias traumáticas personales vividas por cada uno de estos pequeños, que desgraciadamente suelen ser muy comunes, ponen en grave peligro su bienestar emocional así como un desarrollo óptimo de su personalidad, necesitando de manera urgente una ayuda psicológica profesional que les ayude a sanar sus heridas emocionales.


Solo así podemos plantearnos la posibilidad de que estos niños tengan una vida digna y un futuro en harmonía con la sociedad.


• ¿Cómo tratamos el riesgo social?